¿Que llevo en mi bici?

Mi casa a cuestas..!

Admito que una de las partes más emocionantes de iniciar el viaje fue empacar, pero no niego que resulta una  tarea nada fácil esto de empacar  tu mundo en 4 alforjas y deshacerse del típico ¨por si acaso¨  cuando sabes que  saldrás de casa sin fecha de retorno.

Inicialmente empaque todo cuanto cabía en mis hasta ahora, indestructibles alforjas Tu-Génesis. Eran cuatro cuando salí de Uruguay, y recuerdo que empaque muchísimas cosas, en especial ropa, porque le tenía mucho miedo al frio. Entonces empaque varias franelas, camisas, vaqueros, ropa  especial para  ciclismo, camperas, gorros, un abrigo impermeable para protegerme de la lluvia, 4 o 5 pares de medias, calzado deportivo, ropa interior, shampoo, papel higiénico, jabón para bañarme, jabón para lavar la ropa, jabón y esponja para lavar las  ollas platos y cubiertos con los que preparaba mi  comida, también empaque mucha comida que fuera fácil de preparar  en el camino, una cocinilla con su bombona, alcohol para prender el fuego. Llevaba dos carpas, dos sobres de dormir, una almohada y un colchón inflable, ¡Una sabana para arroparme!, una bañera portátil que se calentaba con el sol, toallas para secarme después del baño, una bolsa repleta de medicamentos… cuando salí de Uruguay llevaba mi bici súper bien equipada con todos sus accesorios, tenía incluso dos espejos retrovisores, un caucho de repuesto, también los dos frenos, cadenas, rayos, tripas, parches, inflador, llaves y herramientas, tenía todo cuanto necesitara  la bici y además, como prometí estar siempre en contacto con mi familia y amigos, empaque casi  1kg de cargadores portables y baterías para mi celular, la cámara fotográfica, el GPS, mis documentos personales. Ocupe hasta el más mínimo espacio que había en la bici, solo cabíamos yo y mis insuperables ganas de recorrer América.

Sin embargo, al  iniciar la ruta comencé a darme  cuenta de que no necesitaba muchas de la cosas que había empacado, el peso comenzó a estorbar, y yo comencé a llenarme de nuevas ¨cosas¨, cosas que no pesan y no que no ocupan espacio en la bici, porque son cosas -No materiales que el viaje me ha regalado, ¨cosas¨ que se llevan dentro… entonces, creo que así comenzó mi proceso de desapego. Recién había comenzado el viaje y cuando me sentía cansado me preguntaba a mi mismo  ¿Quién necesita una bañera que se calienta con el sol? cuando puedes bañarte en aguas termales a 4000 msnm, ríos con cascadas espectaculares, lagos, el imponente océano pacifico, el precioso Caribe… me tomaba un pequeño instante para soñar despierto con lo que se venía, sonreía  y ¡Adiós bañera! ¡Adiós toallas! Es más fácil secarse con el sol y la brisa..!  Estos no pesan y nunca se ensucian…  ¿Por qué llevar tanta ropa? Realmente no la necesito toda, entonces comencé a regalar algunas camisas y otras cosas a amigos que fui conociendo por el camino… y así sucesivamente cada cosa que llevaba el mis alforjas fue perdiendo importancia y me fui desprendiendo de lo material.

Muchas herramientas quedaron olvidadas en algún punto de la cordillera andina,  algunas cosas  se oxidaron cuando pase por Uyuni, muchas  otras  se dañaron  y  tuve que botarlas, otras simplemente se gastaron y  no volví a comprarlas porque no me hacen falta.

Realmente no recuerdo cuando me volví tan desapegado a lo material. Incluso durante el robo en Manaos, recuerdo haberme tomado todo ese asunto en completa calma.  Solo me importaba  recuperar  mi bici y mis documentos personales porque los necesito para poder seguir mi viaje, todo lo demás me tenía sin cuidado, de hecho durante el robo perdí una de las alforjas y no lógro recordar lo que había dentro.

Hoy, luego de 15.000 km de recorrido, es muy poco lo que llevo en mis alforjas, que  ahora son solo tres y van muy livianas de peso.  Conservo mi cocinita una olla pequeña, mi hamaca y una carpa. De ropa solo me queda un short, dos franelas, una calzita, unas zapatillas   que me regalo un amigo hace poco y mi campera de Venezuela.  Lo demás son objetos de valor que guardo con cuidado… mi celular con tres baterías mi pasaporte, dos libretas pequeñas  donde anoto las ideas  que van surgiendo por el camino, mi inseparable bandera de Uruguay, una foto de mi familia  y los pequeños regalos y detalles que me han regalado los ángeles del camino.

El viaje, me ha enseñado que una de las cosas más maravillosas que ofrece el cicloturismo es esta sensación de no necesitar casi nada para vivir y certifico que así es. Hay muy pocas cosas verdaderamente imprescindibles, porque cuando estas cumpliendo un sueño sientes tu alma llena y satisfecha.

Ya no tengo alcohol para prender el fuego, ni tengo herramientas, ni GPS, ni etc. etc. etc., todo lo arreglo con alambre o como pueda… y si necesito algo me lo provee el universo, Dios, la naturaleza o la gente hermosa que nunca me desampara.

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